La poesía maldita de un ladrón francés

A 555 años de la condena al destierro del escritor François Villon.

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Francois Villon in the 1489 printing of the Grand Testament / Wikimedia Commons

“Mas las mismas nieves del año pasado, ¿adónde se han ido?”, se preguntó un poeta en el siglo XV tras reflexionar sobre la vida de mujeres famosas de la historia y la mitología. Incluida en el poema “Balada de las damas de antaño”, esa pregunta refleja la conciencia del autor con respecto a la mortalidad, a la belleza transitoria de las cosas. François Villon, el poeta maldito que influenció a escritores como Charles Baudelaire o Arthur Rimbaud, escribió esas palabras nostálgicas años después de haber acuchillado a un cura y robado a iglesias.

Villon, cuyo apellido pudo haber sido De Montcorbier o Des Loges, nació en París en 1431, el mismo año en que Juana de Arco -a quien el poeta incluyó en su balada de antaño- fue quemada en la hoguera tras su participación en la guerra de los Cien Años que enfrentó a los reinos de Francia e Inglaterra entre 1337 y 1453.

A pesar de los dos apellidos que muestran los registros de la época, en sus escritos el poeta se refirió así mismo como “François Villon”. Un ejemplo es el poema “Epitafio”, incluido en la colección El gran testamento que habría compuesto entre diciembre de 1461 y la primavera europea de 1462 después de algunos períodos en prisión. El libro también contiene una referencia a Guillaume de Villon, un capellán de la iglesia de Saint-Benoît-le-Bétourné y profesor de derecho canónico que fue padre adoptivo del escritor y de quien luego adoptó su apellido. En una de sus rimas, el joven lo llama “más que un padre”.

En 1452, Villon obtuvo el título de Maestro de Artes en la Universidad de París; esto solo le ayudó a ser clérigo menor. Según un estudio, de haber continuado con sus actividades académicas, el poeta podría haber alcanzado el título de su padre adoptivo y haber formado parte de la estructura social de su tiempo, pero no pudo resistirse a las tabernas y a la compañía de prostitutas y delincuentes. Lo poco que se sabe de su vida se debe a sus antecedentes penales.

Aunque no puede tomarse cada verso al pie de la letra, los investigadores han concluido que El gran testamento es altamente autobiográfico. Las aficiones de Villon se hallan en poemas como “Balada de la buena doctrina”, donde afirma que todo el dinero -bien ganado o no- “se va en tabernas y en mujeres”.

Según un artículo de la Enciclopedia Británica, no hay rastros de la vida de Villon hasta el 5 de junio de 1455, cuando -en defensa propia, aseguran– mató a un sacerdote llamado Philippe Chermoye o Sermaise en medio de una riña. El egresado de La Soborna fue sentenciado al destierro pero logró regresar a París en enero de 1456 tras recibir el perdón del rey Carlos VII. Sin embargo, volvió al ruedo en la Navidad de ese año, cuando robó quinientas coronas de oro del Colegio de Navarra junto a cuatro cómplices de la banda de los “Coquillards”, así denominaba el lunfardo medieval a los ladrones y estafadores. Durante ese tiempo, el poeta escribió El Legado, también llamado El pequeño testamento.

En su libro Poemas de François Villon, el poeta y traductor estadounidense Galway Kinnell explica que El Legado es un testamento escrito en tono de burla. Mediante ese recurso literario -muy común en la Edad Media- el autor legaba sus pertenencias y partes de su cuerpo a diferentes individuos. La naturaleza de esos legados era más que nada obscena, lo cual hace que se diferencie de su predecesor, El gran testamento, en el cual -según Kinnell- desaparece la “burla lúdica, ligera y literaria”, dado que la obra es el modo en que un arrepentido Villon “exorcisa las humillaciones físicas y morales que sufrió” en la cárcel.

El robo en el Colegio de Navarra se descubrió en marzo de 1957 y Villon fue condenado al destierro una vez más. El poeta vagó durante cuatro años, probablemente con alguna banda de ladrones. A través de El gran testamento, el poeta detalla su estadía en la prisión del obispo de Orléans, Thibault d’Aussigny, en Meung-sur-Loire, durante el verano europeo de 1461, por un crimen que no menciona. En su libro Ensayos y perfiles, el escritor francés Marcel Schwob sostiene que el delito debió haber sido grave “ya que Villon fue enviado a la mazmorra, a pan y agua”. Allí, encadenado, sufrió “las peores penurias de su vida”.

Villon fue liberado gracias a una carta de indulto del rey Luis XI en octubre de 1461 pero volvió a ser arrestado en 1462 por un asalto cometido en donde ahora es la Plaza del Châtelet en París. Según Kinnell, no había pruebas para el arresto pero el poeta no fue puesto en libertad hasta que no firmó una promesa de pago para devolver lo que había robado en el Colegio de Navarra. La condición de hombre libre no le duró mucho y fue arrestado por una pelea callejera de la que pudo haber sido solo un espectador. Fue torturado y condenado a la horca en noviembre de 1462.

Durante esos días se cree que Villon compuso una cuarteta (“Pendiendo de la cuerda de una toesa/sabrá mi cuello lo que mi culo pesa”) y su “Balada de los ahorcados”, en la que demuestra su genio poético y con evidente pesar pide la absolución divina: “Hombres, en esto no hay ninguna burla/pero rueguen que a todos Dios nos quiera absolver”. Según las notas en la traducción de Rubén Aben Reches, esos poemas revelan “una gran facilidad para pasar del sarcasmo y la burla al pasmo y al transporte piadoso ante un mismo tema: la muerte”.

El 5 de enero de 1463, tras una apelación exitosa, el Parlamento conmutó la sentencia de Villon por diez años de destierro de París. A los 32 años, el poeta desapareció de los registros. Los investigadores sostienen que murió poco después. Esa hipótesis también se apoya en que el escritor, en El testamento, ya se había referido a su estado enfermo y de extrema pobreza.

La poesía de Villon es un retrato magnífico de la sociedad medieval, tanto de la élite como de los círculos más bajos en los cuales se movió durante su breve vida. La modernidad de sus versos sorprende pero no tanto, porque tratan -en forma descarnada- temas universales como el amor, la pobreza, el paso del tiempo, la muerte, la resignación ante la imposibilidad de cambiar. Su poema “Debate del corazón y del cuerpo de Villon” es un testimonio de una de las tantas luchas internas de su autor. La puja entre el ser y el querer ser. Entre lo humano y lo ideal.

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3 comentario en “La poesía maldita de un ladrón francés

  1. Thank you for this splendid invitation to re-discover the man and his verse. I touched upon Villon many years ago and have sadly neglected him since. The concepts of mortality and transience always appeal to me in poetry. What better way to understand the man than through his own writing; I will definitely be checking out “Le Grand Testament”.

    Thank you for entriching my holidays! It’s always a delight to read your reflections.

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