“Estamos en el inicio del fin del sistema patriarcal”

Karina Bidaseca, socióloga e investigadora del CONICET, compartió sus experiencias tras presentar “Vomite todo aquí” junto al colectivo ArteMA en la Feria del Libro.

karina bidaseca
Foto: La nómade.

“Contra la cultura del femicidio, yo vomito” se titula el texto de la socióloga y escritora Karina Bidaseca que da cierre al libro “Vomite todo aquí”, una colección de escritos reunidos por el colectivo de artistas ArteMA que fue presentada el jueves pasado en la Feria del Libro. Entusiasmada por la respuesta positiva del público tras finalizar la presentación, la autora de “La revolución será feminista o no será” continuó con la catarsis planteada por algo que no considera un libro, sino una performance, una instancia provocadora, un testimonio que invita a soltar, a vomitar contra un “orden cada vez más misógino y conservador”.

Teniendo en cuenta la propuesta del libro, ¿cuál es la importancia de “vomitar”?

Si nace de las vísceras, es fundamental. Una fuerza poderosa que te invita a quitarte el daño que te han hecho, a transformarlo y capitalizarlo, a mutar. La piel muta y para volver a existir necesitamos transformar ese daño porque no somos seres petrificados. Somos seres de vida y permeables.

¿Cuál fue tu primer vómito? ¿Qué soltaste?

Fue en la Feria del Libro mientras presentábamos el libro por el Ni Una Menos. Acababa de asumir un nuevo gobierno y estaban las autoridades. Yo soy coordinadora en Derechos Humanos por CONICET y en ese momento me pidieron que vaya y les haga una nota. Me angustié mucho porque para mí los derechos humanos no se negocian. Llegué hasta el lugar y cuando vi cómo estaba montado el escenario dije “ahora vuelvo” y no volví. Me fui a “vomitar” a nuestra presentación del libro que estaban las Mujeres Originarias por el Buen Vivir y las compañeras de la marcha. Después vino lo de Santiago Maldonado y en ese momento fue como un pálpito; algo me decía que no tenía que estar ahí.

¿La situación actual del país permite a la gente vomitar?

Es muy necesario vomitar porque estamos viviendo una opresión muy delicada. La famosa grieta es como la gran metáfora de un antagonismo que también se construyó para montar una estructura y un ordenamiento disciplinario que cada vez se siente más en el cuerpo. Vomitar es una actividad realmente sanadora porque uno siente que hay espacios donde se puede resistir y reinventarse como sociedad desde otro lugar.

¿Las mujeres pueden vomitar el patriarcado?

Sí, y lo hacen cada vez más chicas y más jóvenes. Están teniendo una templanza y una actitud confrontativa contra el capitalismo sexualizado, homofóbico, transfóbico. Las generaciones más jóvenes no son las mismas que la nuestra; tardamos mucho más en salir del cascabel. Vivimos parte de la dictadura que oprimía de otro modo pero igual estaba la figura del “páter” en los dictadores. En esa sociedad regida por un orden patriarcal, autoritario y fascista, la resistencia se hizo desde otro lado, por ejemplo, desde el rock nacional.

Siempre se habla de un cambio de paradigma en los últimos años. ¿Eso facilitó el vómito de las mujeres?

El Ni Una Menos es un cambio en la historia del movimiento no solo feminista ni de mujeres sino social. Las niñas ya se crían con otras herramientas para enfrentar al patriarcado que nosotras no teníamos. Es nuestro deber legar también esas herramientas. Estamos en el inicio del fin del sistema patriarcal. No sabemos cuánto va a durar pero, tarde o temprano, este sistema se cae.

Teniendo en cuenta tu experiencia en los movimientos sociales rurales, ¿hay diferencia entre la forma de “vomitar” de las mujeres según su localización?

Se supone que la mujer urbana es la mujer emancipada, liberal, de clase media que tiene la libertad sexual de elegir o decir “el cuerpo es mío”, no así las campesinas o indígenas, capturadas por otra lógica tradicional o arcaica que es fruto de la herencia eurocéntrica. De muy joven empecé a explorar los mundos campesinos y me di cuenta que había muchas mujeres con gran capacidad. Las sociedades campesinas cambiaron patriarcalmente y la figura de la mujer es poderosa. Cuando uno explora esos mundos se da cuenta que estamos presos de una psicología y de un sistema de representación que nos reproduce a estas mujeres como víctimas.

¿Estás trabajando en algún proyecto nuevo?

Estoy trabajando con artistas visuales como Ana Mendieta, una artista cubana maravillosa. Además, me gustaría continuar con “La revolución será feminista o no será” y ampliarlo. Seguir esta línea para explorar con otros lenguajes artísticos que permitan sensibilizar a la sociedad porque la palabra sola ya no alcanza, no es suficiente.

 

Colaboraron: Leticia Roa, Marilina Pacheco.

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