Cuando el gospel sale de la iglesia

Experiencias de los artistas que llevan su música a otros ámbitos.

 

minadar gospel
El grupo Minadar en una de sus recorridas (Foto: Facebook Oficial)

Desde los reclamos de libertad de los esclavos afroamericanos del sur de los Estados Unidos durante el siglo XVIII hasta su popularidad en los años ‘30, el gospel está asociado generalmente a una tradición religiosa que se refleja en sus letras y en los coros vibrantes. Sin embargo, el género no es exclusivo de las iglesias. Se los puede encontrar en centros culturales y hasta en alguna calle porteña, donde nadie queda indiferente.

La palabra “gospel” proviene del vocablo anglosajón godspell, que significa “palabra de Dios”, en referencia a los evangelios a los que se invitaba a conocer a través de la música que luego también se la llamó espiritual y evangélica. En su libro Historia de la música gospel, Adam Woog la describe como una melodía inspiradora que origina un estado de júbilo tanto en el cantante como en el oyente sin importar donde sea.

A través de su historia, el gospel pasó a ser un género musical que llamó la atención de artistas reconocidos como Aretha Franklin, Whitney Houston y hasta Mick Jagger lo combinó con el rock en una colaboración con Bono.

“En general cantamos en ámbitos religiosos como iglesias o sinagogas, pero también organizamos conciertos abiertos a la comunidad en teatros, centros culturales y eventos especiales privados, así como del gobierno nacional, provincial o municipal”, explicó Daniel Especha, director de Minadar Gospel Choir.

Minadar, acrónimo formado por Ministerio de Adoración y Arte, es una compañía que trasmite los valores cristianos por medio de los lenguajes artísticos. Según Especha, el coro se formó en 2010 y la primera salida secular fue al año siguiente en un concierto en el Centro Cultural de Hurlingham.
“El recibimiento fue una sorpresa muy grata. En general, el gospel impacta a los jóvenes en cualquier ámbito por la fuerza de su mensaje y la intensidad de la música”, opinó.

El teatro es otro de los ámbitos elegidos para realizar shows. “En una oportunidad, dimos conciertos en el Paseo La Plaza. Salimos a la calle para formarnos e ingresar a un teatro y la gente se levantaba de las mesas de los restaurantes para venir a vernos en la fila”, recordó el director.

Otro grupo que sale de la iglesia para cantar en los teatros es el Argentina Gospel Choir, fundado por Franco Gandullo y Gerardo Flores en 2013 y que hoy cuenta con más de 150 integrantes.
El coro también deleita a los argentinos en eventos culturales. “Recientemente, estuvimos en la Feria del Libro y cantamos frente a 1600 personas de todas las edades”, señaló Gandullo. El evento fue en el marco del “USA Day”, organizado por la embajada de los Estados Unidos en Argentina.

El grupo además hizo shows en el Salón Dorado de la Legislatura porteña, así como en el Salón Azul del Honorable Congreso de la Nación. También, en el Jardín Botánico de Buenos Aires y, anualmente, participa de la Noche de los Museos, un evento que reunió más de un millón de personas en la edición del año pasado.

Otro lugar donde se puede escuchar gospel es nada menos que en la calle. Minadar Gospel Choir se ha presentado sobre la peatonal Florida y hasta en las calles de Mar de Ajó. “La gente se acerca inmediatamente. Además de la música, la presentación es atractiva por la indumentaria y las coreografías”, señala Especha.

El Coro Gospel Joy es otro de los grupos que se presentó en las calles de la ciudad porteña, como es la esquina de Corrientes y Riobamba, donde en junio del año pasado dieron una muestra de su música. El grupo, dirigido por Amado Costa y con casi 50 integrantes profesionales y amateurs, sorprendió a los transeúntes que los rodearon y acompañaron con aplausos hasta la última canción.

El gospel trascendió las fronteras y llegó a la Argentina, donde su origen afroamericano se mantiene vivo en nuestra cultura. Sus letras y la fuerza de su música salen con frecuencia de los templos para transmitir un mensaje de unidad y dar un golpe de energía a quienes más lo necesitan. A quienes están buscando un refugio como se viene haciendo desde hace tres siglos. Y mucho antes también.

 

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