Entre el comercio y la identidad

La historia detrás del Mercado del Abasto. Sus inicios, el abandono de una década y el impacto en el barrio al transformase en uno de los shoppings más importantes de la ciudad, a 20 años de su inauguración.

 

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El edificio insigne de la zona donde Carlos Gardel pasó su infancia. (Foto: Télam)

Entre la nostalgia de un antiguo mercado y las expectativas por el nuevo emprendimiento. Así se vivió la inauguración del Abasto Shopping entre los barrios de Balvanera y Almagro, la zona más tanguera de todas. Con la presencia del entonces presidente Carlos Menem, su jefe de Gobierno y sucesor, Fernando de la Rúa, y demás personalidades de la política, unas 10.000 personas asistieron a la fiesta que incluyó una imagen tridimensional de Carlos Gardel. Los discursos daban cuenta de un proyecto comercial que no afectaría el patrimonio cultural. A veinte años de esa gran noche, ¿el saldo es positivo?

Antes del shopping, hubo un mercado. “Por el aumento demográfico y la demolición del Mercado Modelo, en agosto de 1888 la sociedad Antonio Devoto y Cía. decidió emplazar un mercado de abasto en la zona de Balvanera. La Intendencia aceptó la propuesta y los antiguos puesteros del Modelo se asociaron y al año siguiente constituyeron la Sociedad Anónima Mercado de Abasto Proveedor”, cuenta Leonel Contreras, historiador y co-autor del libro “Mercados de Buenos Aires”.

Según Contreras, una primera parte del Mercado de Abasto Proveedor se inauguró el 1 de abril de 1893 y en 1907 se lo amplió con la construcción de un pabellón sobre las calles Lavalle, Anchorena y Agüero. “Las actividades cesaron cuando se inauguró el Mercado Central en 1984, el único con el monopolio de comercialización mayorista de artículos alimenticios de primera necesidad para la Capital Federal y 25 partidos del Gran Buenos Aires”, explica el historiador.

A pulmón: trabajadores cargados de mercadería en las inmediaciones del Mercado del Abasto

 

En 1987 comenzaron las gestiones para hacer un centro comercial donde durante décadas se intercambió frutas y verduras. La empresa Inversiones y Representaciones Sociedad Anónima (IRSA) fue la encargada de llevar adelante el proyecto y el 10 de noviembre de 1998 se inauguró el Abasto Shopping, después de años de abandono.

“La época del Mercado cerrado hizo que se desarrolle mucho el aspecto cultural, sin dudas relacionado a un tema de costos y cercanía con el centro”, señala Rafael Sabini, editor de la Revista Abasto que empezó a circular un año después de que el shopping abriera sus puertas. Por su parte, Contreras remarca el “proceso acelerado de degradación y empobrecimiento” que pasó la zona hasta la apertura del shopping. El historiador hizo referencia a la desaparición del “particular mundo que habían conocido y cantado Carlos Gardel y Luca Prodan”.

Como se había previsto, durante la inauguración del Abasto Shopping las propiedades del barrio se revalorizaron, pero con ello -opina Sabini- se vino un “movimiento de gente muy grande y un tránsito terrible que parece que nunca merma”. Es que él es otro vecino que añora la quietud de hace dos décadas. “Los domingos hasta se podía jugar a la pelota sobre la avenida Corrientes. Hoy eso sería imposible. La fama de Bronx espantaba bastante pero se podía vivir tranquilo a veinte cuadras del Obelisco”, asegura.

Para Guillermo Castañeda, fundador de la Casona Cultural Humahuaca, todo lo que se relaciona con el Abasto Shopping no es positivo para el barrio. “Hay una presencia del ‘señor mercado’ que rompe con todas las tradiciones constantemente. El emprendimiento inmobiliario se hizo con una mentalidad comercial fuerte y no se dio valor a la identidad barrial”, recuerda.

Castañeda señala, además, que si bien el Abasto Shopping trajo bienestar al dar vida a ese edificio, todos los beneficios son para el negocio. “De parte de ellos, no hay contacto con el barrio”, observa. Y agrega: “Si todo fuese diferente, quizá se podrían haber hecho cosas en forma conjunta, pero hace años que siempre recibimos un ‘no’”.

Los vecinos del Abasto hacen hincapié en la idea de seguir teniendo un barrio a solo veinte cuadras del Obelisco, donde los bocinazos y los reclamos suenan fuerte y el tránsito copa el paisaje. La voz de Castañeda transmite añoranza. “Las casas bajas se están derrumbando. Hace cinco o seis años hicieron siete edificios altos y ya ni vemos la luz del sol. Nada está pensado para mantener la identidad del barrio”, concluye.

 

Colaboró: Leticia Roa

Publicado originalmente en Diario Publicable

 

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